viernes, 24 de abril de 2009

Y dale a la empentada

Con esta frase definimos en Tudela al empecinamiento cansino y reiterado sobre una misma materia. Me refiero con ello a los continuos cambios en el mismo apellido. Estas variaciones producidas por inexactitudes bien en la transcripción gráfica, bien por la fonética o bien porque quienes se presentaban para hacer las inscripciones normalmente no eran los interesados, sino vecinos, amigos o alguna persona de confianza de la familia, son la tónica continuada de nuestro apellido durante un largo periodo de tiempo.

Continuando con la historia de José María Tajafuerte, diremos que vuelve a aparecer otro Francisco Tajafuerte Martínez tras la muerte de los anteriores, esta vez de nuevo con este apellido. Igual que en los que le precedieron los nombres de la madre y abuelos son los correctos.

Se ha vuelto de nuevo a Tajafuerte; pero ya veremos como esto dura poco, puesto que en el caso de su hijo Guillermo Tajafuerte Martínez, consignan en la partida de bautismo que es hijo de José María Lafuerte y de Simona Martínez, abuelos paternos Juan Lafuerte e Iginia Areche y abuelos maternos José Martínez y Ana Villafranca.

¡Más difícil todavía¡ Lo que faltaba, ahora Lafuerte, y en lugar de Eugenia, Iginia. Menos mal que en el Registro Civil fue inscrito correctamente porque si no dudaríamos que se trata del mismo apellido.

Y como comprobaremos más adelante el cúmulo de confusiones en lugar de cesar irá en aumento.

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