jueves, 8 de abril de 2010

Desmemoria histórica

Parece ser que para algunos la Ley de Memoria Histórica consiste sobre todo en hacer desaparecer cualquier vestigio de que aquí se dieran más de cuarenta años tras la guerra civil y que no existió un general llamado Francisco Franco.


No debe quedar ni rastro. Hay que eliminarlo todo: las estatuas ecuestres y no ecuestres del dictador, los escudos de los edificios, los signos de la dictadura, los nombres de las calles, el Valle de los Caídos puesto que fue construido por los presos políticos…. (¡Ay, si se pudiera también los pantanos!).  

Si todos los regímenes que han pasado por España a lo largo de los siglos hubieran tenido la misma idea, este territorio sería un erial. No podríamos contemplar y admirar el acueducto de Segovia (lo construyeron prisioneros o esclavos), ni el teatro de Mérida, ni las catedrales erigidas a instancias de la "pérfida" Iglesia Católica, ni otros tantos y tantos monumentos que hoy día constituyen nuestro rico patrimonio.

Me viene a la memoria (no histórica) lo que en Egipto hicieron los sacerdotes de Amón con Akenatom. Y los budas de Afganistán destruidos por los misiles de los talibanes. ¿Es esto lo que queremos para nuestro país? ¿Dilapidar nuestro tesoro patrimonial y monetario de esta manera con lo que tenemos encima?

Habrá que restituir lo que haya que restituir. Honrar a quien haya que honrar. Enterrar a quien haya que enterrar. Pero, sobre todo, dejar de mirar el pasado con rencor. Tolerar lo que nuestros compatriotas hicieron en otra época aunque no estemos de acuerdo con ello. Respecto al Valle de los Caídos creo que lo adecuado sería buscar una buena utilidad pública para que, por lo menos, el sufrimiento de tantos presos no resultara baldío y si pudieran contemplar su obra, a pesar de todo, sintieran el orgullo y la satisfacción de ser sus artífices. (¡Cuan largo me lo fiáis!)

No es mi intención polemizar sobre este asunto tan sensible para muchos pero, por más que nos empecinemos, nos guste o no, esos cuarenta años están ahí. Existieron. E igualmente un dictador llamado Francisco Franco Bahamonde y su régimen. Aunque desparezcan sus estatuas.

El mayor castigo que se le puede infringir a la dictadura es hacer que esta democracia  funcione lo mejor posible y evitar que nadie sienta nostalgia de aquella, porque no “todo tiempo pasado fue mejor”.

Memoria histórica sí, pero completa. Sin lagunas. De lo bueno para mejorarlo y de lo malo para evitarlo. Esta es mi opinión que, por supuesto, no pretendo imponer a nadie. Si alguien la comparte me parecerá estupendo, y si no es así, también.

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